El escritor Hernán Casciari instaló el debate sobre la gestión universitaria en Argentina al señalar que el apoyo social a la educación pública no equivale a una aprobación de la conducción política de las universidades nacionales.

Hernán Casciari encontró la forma de decir algo que estaba flotando en el ambiente pero que nadie terminaba de formular: que en Argentina se puede amar a la universidad pública y al mismo tiempo tener serias dudas sobre cómo la manejan sus autoridades. Y que esas dos posiciones no se contradicen.

Las universidades nacionales argentinas tienen un respaldo social que pocas instituciones pueden envidiar. Ese respaldo se explica por décadas de historia, por el acceso gratuito, por la investigación y por la cantidad de profesionales que formaron. Pero Casciari señala que los rectores y la burocracia universitaria no son dueños de ese prestigio: son administradores de una institución que pertenece a todos.

En ese sentido, su planteo es casi una defensa de la universidad: si la institución quiere seguir contando con el apoyo de la sociedad, sus conductores tienen que entender que ese apoyo se gana cada día con buena gestión, no se hereda automáticamente.

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